sábado, 14 de mayo de 2011

La alondra y el poeta

La alondra y el poeta


Una tarde gélida de invierno
cuando el clima se apaciguó
una bella alondra al camino
de su migración ella se alejó.

¡Pobre ella! débil y cansada
en una casa se guareció
y al tejado ella se posaba
cuando un quejido escuchó.

¡Triste de mi suerte ingrata
mis versos el viento esfumó!
¡doliente el destino que desata
este poeta, cuya albur declinó!

La bella alondra conmoviese
y a la ventana pronta se posó
para con sus trinares entretuviese
al poeta, que una sonrisa esbozó.

Compañía ella decidió hacerle
curando la angustia de su soledad
¡y el corazón empezó a sonreírle
el poeta libertaba su maravillosidad!

Escribió lo que años hilar no podía
y sus versos comenzaron a emanar
gente a admirarlo y elogiarlo acudía
y su fama y gloria crecía por centenar.

Llegó una mañana a verlo ella
más cantarle la alondra no consiguió
del poeta dulce que le dejo huella
solo quedo un cruel que la burló.

El éxito lo hubo transformado
¡y de su balcón querido él la arrojó!
cuando su interés se hubo agotado
¡ a la alondra herida de pena dejo!

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